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    TV y Cine
    Almas que penan: terror y suspenso minimalista

    Almas que penan: terror y suspenso minimalista

    13 de Mayo de 2014, 11:32 pm



    Sin lugar a dudas, el terror es el género que mayor dificultad posee en su realización. Al caminar en ese delgado linde entre asustar y hacer el ridículo, un buen exponente debe beber del suspenso y tener sumo cuidado en su puesta en escena. Una mezcla muy bien cuidada de elementos como un guión matemático, dirección meticulosa, dirección de fotografía que nos hipnotice en cada plano, dirección de arte que transforme un lugar común y corriente en un espacio horrible y un montaje que, sin ser efectista, sepa cuando mantenernos en ascuas y cuando sacudirnos del asiento. Esto es si hablamos de lo general, yendo a lo particular, necesitamos una excelente historia que sea creíble para el público, un protagonista con algo de carisma para conectarnos con él y, sobre todas las cosas, una amenaza que sea un misterio que nos cautive desde el primer plano. Debemos sumar los riesgos de todas las convenciones que nos sabemos de memoria: las puertas que se abren solas, los niños o espiritistas que pueden ver a los seres del más allá, la música incidental que nos asusta más que el monstruo en sí y, por supuesto, la intuición del cinéfilo que ya sabe dónde viene el susto. Todas estas variables deben estar mezcladas con tal cuidado que si se nos va la mano en una toda la película podría caerse como un castillo de naipes. Es por eso que de las decenas de películas de terror que aterrizan en cartelera al año, sólo una o dos hacen historia. En las propuestas que salen con buen pie podemos incluir Almas que penan (The Pact), una película clásica en su puesta en escena, pero original en su planteamiento que resulta ser una buena opción para los amantes del género.

    Basada en el cortometraje homónimo de su director y guionista, Nicholas McCarthy, The Pact cuenta la historia de dos hermanas, Nichole (Agnes Bruckner) y Annie (Caity Lotz), cuyas relaciones nunca han sido muy buenas, pero que deben encontrarse en la casa de su infancia por el funeral de su madre. La primera noche, Nicole desaparece sin dejar rastro, haciendo que su prima Liz (Kathleen Rose Perkins) lleve a su pequeña hija a dicha casa para encontrarse con su tía Annie. De esta forma, las dos chicas y la pequeña niña comparten una noche recordando viejos tiempos. Al igual que sucedió con su hermana, a la medianoche, Annie siente algo extraño en su hogar lo que la hace despertarse de un sobresalto para descubrir que Liz también desapareció de la nada. Luchando contra una presencia invisible que la arrastra por todo el lugar, Annie logra sacar a su sobrina del sitio y huir. Gracias a dichas desapariciones, la policía comienza a sospechar de Annie al verla como principal sospechosa. Esto la motivará para comenzar una investigación y así develar qué es lo que está mal con la casa, su conexión con la desaparición de sus familiares, su infancia traumática, su madre y, sobre todas las cosas, descifrar la amenaza que parece cernirse sobe ella.

    Aunque su argumento no plantea nada del otro mundo, Almas que penan es un buen ejercicio en el tratamiento del suspenso y el terror. Su puesta en escena es muy sencilla: técnicamente toda la historia se desarrolla en una casa bastante pequeña (fácilmente podría ser un apartamento). Mantiene el suspenso desde que comienza apelando a preguntas que siempre el público se hace cuando se trata de este género (¿qué es lo que está en la casa?, ¿por qué ataca a la gente?, ¿podrá salvarse la protagonista?), pero más allá de darnos respuestas, su historia cada vez plantea más y más interrogantes. Al beber del suspenso la película nos engancha, alternando los sustos con dosis de información para que el espectador vaya armando su historia. Almas que penan es de las pocas películas que entienden que el buen terror es 1 hora y media de suspenso aderezado con 4 sustos buenos: más vale la calidad de los sustos que la cantidad. Para ser la primera película de su realizador sorprende gratamente. Esperemos que en un futuro no muy corto veamos un trabajo de él de mayor envergadura explorando este complejo género.

    Lo mejor: su sobriedad en el tratamiento visual, evitando el montaje violento y el susto barato. La chica es linda sin llegar a distraer mucho. Lo minimalista de su puesta en escena. La solidez en su cambio de registro: pasea del terror al suspenso con elegancia.

    Lo malo: su trailer y su póster venden otra película más de una casa fantasma, gente poseída y demás temática repetidas, lo que garantiza que pasará por debajo de mesa en la cartelera (además, nos llega con un retraso de un poco más de un año).

    Veredicto: Almas que penan no es la mejor película de terror del mundo, pero logra con su cometido de una manera bastante sencilla donde decenas de películas fallan todos los años. Logra asustar un par de veces y mantener la tensión desde el principio. Le doy 3.5/5.